
Para México, el impacto del conflicto en Medio Oriente en materia de gas natural no llegará por la vía del suministro —anclado estructuralmente a Estados Unidos—, sino por la presión de un potencial encarecimiento del combustible que sostiene más de la mitad de nuestra generación eléctrica nacional.
Datos refieren que entre 54% y el 70% de la generación eléctrica en el país depende de este energético. Es el pivote de la matriz energética y, al mismo tiempo, su principal vulnerabilidad.
El conflicto generó presiones sobre los precios, que podrían impactar directamente al mercado mexicano. De acuerdo con estimaciones de PETROIntelligence, Europa registra un alza de 107% en el precio del gas del Dutch Title Transfer Facility (TTF) desde finales de febrero, mientras Asia enfrenta un incremento de 68.5%. En contraste, Norteamérica muestra una subida más moderada, de alrededor de 9.5% en el índice Henry Hub. Sin embargo, esa aparente estabilidad es engañosa, porque responde a la fortaleza productiva de Estados Unidos, pero también anticipa una presión creciente por exportaciones de gas natural licuado.
“El mayor peligro no radica en un pico de precios, sino en niveles altos sostenidos con episodios de volatilidad recurrente”, afirma Alejandro Montufar, director de PETROIntelligence.
México importa cerca del 70% del gas que consume, con flujos que superan los 6.6 mil millones de pies cúbicos diarios desde Estados Unidos. A ello se suma una debilidad estructural, en donde la capacidad de almacenamiento apenas cubre 2.4 días de consumo.
En ese contexto, cualquier disrupción, ya sea por clima, infraestructura o arbitraje internacional, se traduce rápidamente en presión sobre el sistema eléctrico. En ese sentido PetroIntelligence estima que el precio para Estados Unidos podría elevarse a entre 4 y 5 dólares por MMBtu si se intensifica la demanda externa.
Más allá del costo por unidad, la volatilidad se posiciona como la principal amenaza. Como señala Montúfar, el mercado “entra en una fase donde pierde flexibilidad operativa”, lo que complica la planeación estratégica del sector. Esto implica episodios recurrentes de alzas que complican la planeación de costos, particularmente en sectores intensivos como la generación eléctrica.
Óscar Ocampo, especialista en energía del IMCO, asocia el tema hacia la seguridad energética. Advierte que el cierre prolongado del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructura estratégica reafirman la importancia de contar con cadenas de suministro resilientes.
Julio Castillo Ybarra, director de LNG México, destaca que existe una competencia agresiva por el suministro de la molécula, especialmente ante el encarecimiento en Asia, donde los precios para Japón han llegado a duplicarse.
“Esto puede traducirse para México en un alza en el costo del gas, dado que las terminales de Estados Unidos buscarán vender al mejor postor a pesar de tener compromisos con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), por lo que el incremento puede ser la acción esperada”, opina.
Esto conlleva a un mayor costo para las centrales eléctricas de ciclo combinado que producen más del 61% de la energía eléctrica que se consume en México, advierte.
¿Fin del conflicto?
Sobre el futuro del conflicto armado, Julio Castillo menciona que hay dos posibles escenarios, elaborados por Anne-Sophie Corbeau, experta del Centro de Política Energética Global (CGEP):
- Fin del conflicto en abril: Se alcanzaría un acuerdo entre la administración estadounidense e Irán, y los cargamentos atrapados se dirigirían hacia sus destinos. Qatar y los Emiratos Árabes Unidos repararían sus instalaciones dañadas en al menos cinco años. En este escenario, el crecimiento de la oferta de LNG en 2026 sería limitado.
- Alto al fuego retrasado: El alto al fuego se alcanzaría durante el otoño de 2026, debido a la intervención de otros países o a la caída del régimen, permitiendo que las plantas de LNG reinicien su operación.
Desde la perspectiva de Julio Castillo, estos escenarios tienen un alto grado de incertidumbre para retornar al suministro previo del LNG.


