
El sector energético atraviesa un periodo de elevada volatilidad global. Los mercados están cada vez más interconectados. Cualquier evento geopolítico, tecnológico o financiero puede alterar, en cuestión de días, el equilibrio entre oferta, demanda y precios. Para quienes lideran esta industria, el reto implica navegar un entorno donde la incertidumbre se ha vuelto parte permanente del sistema.
Un ejemplo reciente que ilustra con claridad esta fragilidad es el conflicto en Medio Oriente, que ha puesto nuevamente en evidencia la dependencia del sistema energético mundial de ciertos puntos estratégicos. Por el Estrecho de Ormuz circula cerca de una cuarta parte del petróleo marítimo mundial, además de volúmenes relevantes de gas natural licuado y fertilizantes, por lo que cualquier interrupción en esta ruta impacta simultáneamente varias cadenas económicas (El Universal, 2026).
Las consecuencias de estas tensiones ya se reflejan en los mercados, al tiempo que se incrementan los costos logísticos y las primas de seguros en el transporte marítimo. Para los líderes del sector, este tipo de episodios confirma que la seguridad energética, la resiliencia de las cadenas de suministro y la gestión de riesgos globales son hoy parte central de la agenda estratégica.
La transición energética entra en una fase crítica
Más allá de la coyuntura geopolítica, la transición energética global se acerca a una fase decisiva. De acuerdo con la International Energy Agency (IEA), en este 2026 la transición está marcada por la capacidad de la economía global para sostener su crecimiento en un entorno de volatilidad geopolítica, así como por el alivio parcial de las presiones inflacionarias gracias a la moderación de los precios de la energía (IEA, 2025).
Las proyecciones apuntan a que la economía mundial crecerá alrededor de 3.1% en 2026, con un dinamismo particular en las economías emergentes y en desarrollo, que podrían expandirse cerca de 4%. Este crecimiento continuará presionando la demanda de servicios energéticos y obligará a los sistemas energéticos a evolucionar con rapidez.
En este escenario, la transición energética seguirá impulsada por dos tendencias estructurales. Por un lado, la electrificación de las economías y el despliegue acelerado de energías renovables, que en 2024 registraron récords de expansión por vigésimo tercer año consecutivo. Por otro, el desafío de modernizar las redes eléctricas, cuya inversión permanece rezagada frente al ritmo de expansión de la generación.
A ello se suma una dimensión cada vez más crítica para la planificación energética: la resiliencia frente a eventos climáticos extremos. En años recientes, fenómenos meteorológicos han afectado el suministro energético de más de 200 millones de hogares, lo que convierte la adaptación y la resiliencia operativa en prioridades inmediatas para la industria (IEA, 2025).
Inteligencia artificial y una nueva forma de liderar
Pero el desafío no proviene únicamente del entorno geopolítico o económico. La transformación tecnológica también está redefiniendo la forma en que se toman decisiones y se organiza el trabajo dentro de las empresas. El informe Deloitte 2026 plantea que estamos frente a un cambio de paradigma: el liderazgo ya no puede limitarse a gestionar la eficiencia técnica, sino que debe enfocarse en construir lo que denomina la “ventaja humana” en un contexto de cambio permanente.
En este sentido, uno de los primeros ajustes consiste en entender que la adopción de la inteligencia artificial no es solamente un tema tecnológico, sino organizacional. El liderazgo debe evolucionar hacia un rol de diseñador de sinergias, capaz de integrar el potencial de las personas con el de las máquinas. Como señala el informe: “la ventaja competitiva ahora está impulsada en menor medida por la diferenciación tecnológica y más por el cultivo de la ventaja humana (…) El valor se desbloquea a través de una reimaginación del trabajo que une lo mejor de los humanos y las máquinas en concierto” (Deloitte, 2026).
La toma de decisiones como disciplina estratégica
Al mismo tiempo, el volumen de información y de opciones estratégicas disponibles para las empresas energéticas es cada vez mayor. Esto obliga a replantear cómo se toman las decisiones. De acuerdo con Deloitte, los líderes deben tratar la toma de decisiones como una disciplina estratégica, definiendo con claridad cuándo el juicio humano debe prevalecer y cuándo puede apoyarse en algoritmos.
De esta forma, el liderazgo energético también enfrenta un cambio cultural profundo. El modelo tradicional basado en control, planificación rígida y jerarquías cerradas resulta cada vez menos efectivo en un entorno donde los ciclos de mercado se comprimen y las disrupciones son constantes.
La capacidad de adaptación y la curiosidad organizacional se vuelven activos estratégicos. Las tendencias en liderazgo apuntan a que las organizaciones que logren prosperar serán aquellas capaces de convertir la disrupción en una oportunidad para replantear la forma en que trabajan, redefinir roles y generar nuevo valor, en lugar de intentar regresar a modelos estratégicos del pasado (Deloitte, 2026).
La inteligencia artificial puede replicarse, pero las personas no. Por ello, el liderazgo en este momento histórico exige elevar el valor de la creatividad, el criterio y el juicio humano dentro de las organizaciones. También exige construir confianza en equipos que enfrentan transformaciones tecnológicas aceleradas y que necesitan líderes visibles y consistentes que acompañen ese proceso.
Liderar la transición energética
Bajo estas condiciones, el liderazgo en el sector energético debe convertirse en un ejercicio de equilibrio entre visión estratégica, adaptabilidad y gestión del cambio.
Ajustar los perfiles de liderazgo en esta dirección será fundamental para avanzar en la transición energética. La construcción de sistemas más resilientes, diversificados y capaces de integrar distintas fuentes de energía será clave en los próximos años, donde tecnologías emergentes, energías renovables y combustibles de transición convivirán en el mismo sistema.
En ese escenario, el gas natural seguirá desempeñando un papel relevante como energía de transición, permitiendo fortalecer la seguridad energética mientras se avanza hacia sistemas cada vez más sostenibles. Por ello, el liderazgo que hoy se requiere no solo debe gestionar la energía del presente, sino también diseñar con visión estratégica el sistema energético del futuro.
Referencias:
Deloitte. (2026). 2026 Global Human Capital Trends: From tensions to tipping points: Choosing the human advantage. Deloitte Insights.
El Universal (2026). Conflicto en Medio Oriente impacta comercio de petróleo, gas natural y fertilizantes; caen 97 % los cruces por el estrecho de Ormuz. https://www.eluniversal.com.mx/cartera/conflicto-en-medio-oriente-impacta-comercio-de-petroleo-gas-natural-y-fertilizantes-caen-97-los-cruces-por-estrecho-de-ormuz-unctad/
International Energy Agency. (2025). World Energy Outlook 2025. IEA Publications. https://www.iea.org/reports/world-energy-outlook-2025


