El panorama del Gas Natural Licuado en Latinoamérica, Pasado, Presente y Futuro

abril 17, 2026by Eduardo Dorantes0

 

 

La importancia del LNG en la matriz energética de los países de Latinoamérica refiere una asignatura pendiente que falta por desarrollar. Tenemos la referencia del Sudeste Asiático, donde el LNG se procesa desde hace más de 50 años; justo en la primera planta que se construyó en la isla de Brunéi, al sur de Vietnam y entre las Filipinas y Malasia. Fue allí donde, el 4 de abril de 1973, Brunei LNG inició operaciones: una infraestructura de 7.2 millones de toneladas por año (MTPA) y tres tanques con capacidad de 195 mil m³ que recientemente cumplió 53 años de actividad.
 

En este sentido, las plantas de licuefacción en Latinoamérica tienen su punto de partida en 1999, cuando Trinidad y Tobago inició operaciones con la planta de Atlantic LNG; un proyecto que arrancó con un tanque de 102 mil m³ y una capacidad de 3 MTPA. Hoy, la planta requiere un mayor suministro de gas para dar continuidad a su operación, lo cual abre una ventana de oportunidad para que el campo Dragón en Venezuela suministre el recurso y permita extender su actividad por muchos años más. 


A partir de ese punto se inicia la historia de la licuefacción en esta región. El caso de Perú LNG es un legado que, desde 2010, llena de orgullo a los latinoamericanos al ser el primer desarrollo en la costa del Pacífico de toda América en suministrar LNG a los mercados asiáticos sin la necesidad de pasar por el Canal de Panamá.


México está entrando al mundo de la licuefacción. En 2024, a través de una terminal pequeña de plataformas autoelevables —antiguamente utilizadas para trabajos de perforación—, el LNG vio su salida al Golfo de México. Este complejo, aunque no cuenta con tanques propios, opera con el FSU llamado ‘El Pingüino’ a un costado. Al otro extremo del país, en la costa del Pacífico norte, se realiza la conversión de la planta regasificadora de Energía Costa Azul (ECA) de Sempra, la cual funcionará ahora como terminal de licuefacción para gas procedente de EE. UU. y está próxima a iniciar operaciones este mismo año.

Esta es la historia actual, pero falta ver la evolución del mercado argentino y Vaca Muerta, el gigante del Cono Sur que actualmente atrae inversiones superiores a los 20 mil millones de dólares. Este proyecto ha optado también por instalaciones flotantes, dada su ventaja en tiempos de construcción frente a las terminales terrestres. Todos estos elementos buscan un resplandor para 2028, con el fin de alcanzar la esperada época dorada del LNG para Latinoamérica. Debemos estar involucrados en estos desarrollos que ayudaran a que más profesionales y sobre todo a que la población de nuestros países goce de sus beneficios.

 

Históricamente, Latinoamérica ha sido un mercado de importación para el LNG, utilizado principalmente para compensar la variabilidad de la generación hidroeléctrica y el declive en la producción local de gas por ducto.

 

La otra parte del proceso es la regasificación. En este sentido, la generación de energía eléctrica como consumo ancla es fundamental para entender el comercio del LNG. Un caso de éxito es Brasil y sus subastas de potencia, mecanismos que aseguran más de 18 GW de capacidad, donde 60 nuevos proyectos de gas natural garantizan actualmente la estabilidad de la red eléctrica.

 

Países del Caribe y Centroamérica, como República Dominicana, Panamá y El Salvador, han liderado la adopción de terminales de regasificación de menor escala. El LNG les permite reducir su dependencia de los derivados del petróleo, logrando disminuir tanto los costos operativos como las emisiones de CO2.


La cantidad de terminales de regasificación crece cada día y permite un amplio abanico de posibilidades; no solo garantizan el suministro constante a través de ductos para las centrales eléctricas, sino que también impulsan los gasoductos virtuales, los cuales llevan el LNG a lugares alejados de la infraestructura tradicional. Con casos de éxito que se extienden desde México hasta Argentina, esta revista ofrecerá el análisis completo en nuestras próximas ediciones.


Para 2050, se proyecta que el gas representará el 34% del suministro energético total de Latinoamérica —frente al 26% registrado en 2025—, consolidándose, así como el puente necesario hacia un futuro de cero emisiones.


El reto para Latinoamérica es la integración. La región está dejando de ser un conjunto de mercados aislados para convertirse en un ecosistema interconectado, donde el LNG proporcionará la flexibilidad que los ductos y las renovables, por sí solas, no pueden ofrecer.

 

 

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