Lecciones de la arquitectura energética en el Perú

abril 3, 2026by Noemí Ortíz0

 

 

Para entender hacia dónde vamos, a veces es necesario mirar hacia atrás y analizar casos de éxito en la región. En ese contexto, vale la pena preguntarnos: ¿Qué significó para el Perú el cambio en el suministro de gas natural iniciado hace casi 25 años y cómo impactó a toda su industria?

 

En realidad, el yacimiento fue descubierto por Shell, pero descubrir un recurso no basta; lo difícil es crear las condiciones para volverlo sistema. En el Perú tuvimos un periodo en el que el recurso estaba ahí, pero el desarrollo no avanzaba. Ese tramo muchos lo recuerdan como un ‘valle de la muerte’, porque todo quedó detenido y el país seguía dependiendo prácticamente del petróleo, sin una industria de gas natural realmente articulada.

 

El cambio de fondo vino cuando se construyó un marco que sí hacía viable el proyecto. Ahí, la Ley Orgánica de Hidrocarburos fue decisiva, porque permitió ordenar la relación entre el Estado, la inversión y el desarrollo de infraestructura. Camisea no fue solamente un hallazgo geológico ni una obra de ingeniería; fue, sobre todo, una decisión de arquitectura institucional.

 

El impacto fue enorme porque cambió la lógica del sistema energético peruano. Hoy, cuando vemos que Camisea concentra cerca del 96% de la producción nacional de gas natural y aporta alrededor del 40% de la electricidad del país, entendemos que no estamos hablando de un proyecto más, sino de una pieza estructural del Perú energético.

 

¿Qué hizo posible la entrada en vigor de la Ley Orgánica?

 

Lo que hizo posible la ley fue darle forma económica e institucional al proyecto. Se optó por una separación vertical del negocio: producción, transporte, distribución y comercialización no quedaron concentrados en un solo actor.

 

El segundo pilar fue la Garantía de Red Principal. Sin un mecanismo que asegurara la demanda, una infraestructura de esta magnitud no se financiaba. Ese esquema permitió convertir el recurso en un sistema viable.

 

Lo anterior generó una transformación profunda. Se logró reducción de costos, sustitución de combustibles líquidos, mayor competitividad y diversificación energética. Pero más importante aún, se logró seguridad energética. El gas natural dejó de ser una opción y pasó a ser una base del sistema eléctrico peruano.

 

Dentro de los principales componentes de la Garantía de Red Principal (GRP) del proyecto de Camisea hubieron tres anclas: generación eléctrica, distribución de gas y exportación de LNG. No como piezas aisladas, sino como un sistema integrado que asegura sostenibilidad económica.

 

Sobre dónde se encuentra el mayor valor en el Upstream, hay que recordar que los márgenes más competitivos están en los líquidos del gas natural. Los lotes 88, 56, 57 y 58 responden a una lógica estratégica: consumo interno y monetización internacional.

 

Recordemos que el gas proviene de Cusco es transportado por TGP atravesando la cordillera hasta Lima. Es una infraestructura compleja que conecta selva, sierra y costa, y que permite integrar todo el sistema energético.

 

Infraestructura y Distribución de LNG

 

Al analizar qué elementos conforman la planta de Perú LNG, destaca su rol dual: no solo conecta el sistema peruano con el mercado global, sino que, además, habilita el transporte virtual para zonas sin ductos, ampliando así el acceso al gas natural en regiones remotas.

 

Por otro lado, surge la interrogante sobre cómo opera el sistema de distribución desde Melchorita. Este proceso se realiza mediante camiones cisterna que llevan LNG a plantas satélite de regasificación; una solución logística que permite la expansión de la cobertura energética en el corto plazo, aunque implique mayores costos operativos frente a la infraestructura de redes físicas.

 

Demanda de gas natural en el Perú

 

El sector residencial domina en número de usuarios, pero la mayor demanda proviene de la generación eléctrica y la industria. El gas es clave para el sistema productivo.

 

El Perú cuenta con aproximadamente 7.88 TCF de reservas probadas. Más que hablar de años exactos, el desafío es cómo se gestionan estas reservas en un contexto de creciente demanda.

 

El reto ya no es demostrar el éxito de Camisea, sino decidir qué hacer después de ese éxito: cómo convertirlo en una base para una transición energética ordenada y sostenible.

 

 

 

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