
La revista LNG México y Latinoamérica nos lleva a conectar más allá de lo que se ve, porque al final somos más que el perfil de LinkedIn. Somos lo que la gente no ve: nuestras familias, nuestros sueños y la esperanza que guardamos de evolucionar. En ese sentido, Marcela Gastelum nos ofrece su perspectiva.
- Cuéntanos, ¿cómo empezó tu historia en el sector?
Comienza rompiendo el molde corporativo. Hace 20 años no había mucha gente con experiencia en el sector y era difícil encontrarla; así que el director de Igasamex dijo: ‘No importa que no tenga experiencia, aquí le enseñamos’.
Fue un gran aprendizaje: cuanto más aprendía, más me apasionaba y más quería saber sobre el impacto que tenían los proyectos de la empresa en la sociedad. Luego, entré a la parte de usos propios con Engie y Sempra, en las licitaciones de la CFE para la construcción de gasoductos y termoeléctricas. Tuve la oportunidad de entrar al mundo del LNG con Énestas y, posteriormente, a la generación de electricidad con CapWatt.
- ¿Cuáles han sido los mayores retos que enfrentaste como mujer?
Estar negociando solo con hombres es retador; me sentía nerviosa, ya que somos muy exigentes con nosotras mismas y podemos llegar a dudar de nuestras capacidades, de nuestro liderazgo y del logro de objetivos. Uno no nace siendo líder, a mi parecer; se aprende, y se aprende practicando. También implica ser lo suficientemente pacientes para aprender, y esa parte creo que es retadora para todos.
En el plano personal, vivir en Francia fue empezar de cero: aprender el idioma y adaptarte a su cultura. Con la comida no tuvimos ningún problema porque es deliciosa, pero lo difícil fue vivir lejos de tu red de apoyo y la pandemia que pasamos mi esposo, mis hijas y yo allá.
Equilibrar el tiempo entre familia y trabajo implica llegar a casa y decir: ‘El trabajo allá se queda; aquí vengo a descansar y a disfrutar de mi familia’. Porque cuando uno se apasiona con su trabajo, es difícil desconectarse; pero siempre podemos ser mejores y pasar más tiempo de calidad con nuestra familia.
Pero cuando me preguntan: ‘¿Tienes tres hijas, quieres seguir trabajando?’, mi respuesta inmediata y sin pensarlo es sí. Es un gran ejemplo para ellas verme crecer como profesionista; les da herramientas para que también sean autosuficientes y quieran ser así: que se apasionen con su vida y con lo que hagan, que eso las haga felices y que me vean feliz. Además de ser madre, soy profesionista, soy mujer; tengo sueños y tengo metas.
- ¿Cómo ves el futuro de México?
Es un tema muy crítico el que mencionas y te puedo dar dos teorías: la optimista y la realista. La optimista, obviamente, habla de que es posible siempre y cuando haya coordinación entre la iniciativa privada y el gobierno. Estamos viendo el ‘Plan México’, están anunciando inversiones en CFE y las autoridades nos están atendiendo, abriendo sus puertas y escuchándonos; incluso nos están invitando a sus mesas de trabajo.
En la parte realista, uno de los puntos más críticos es la necesidad imperante de incrementar la infraestructura energética en México, tanto en gas natural como en electricidad. Necesitamos dejar de politizar este tema; necesitamos que realmente nos unamos para poder avanzar y llegar a esa justicia energética.
Marcela refuerza la idea de que la energía es un tema que concierne a toda la sociedad; se requiere que la población comprenda su impacto y participe en la discusión, transformando la percepción en una prioridad. Su historia es el ejemplo perfecto de cómo el talento femenino y multidisciplinario está liderando la conversación sobre la seguridad energética en la región.
La trayectoria de Marcela Gastelum nos recuerda que la energía no solo se mide en millones de pies cúbicos, sino en la visión de quienes, con resiliencia y preparación, transforman los retos técnicos en bienestar social. Su historia es una invitación a liderar desde la autenticidad, recordándonos que el futuro del sector se construye con talento, pero sobre todo, con propósito.
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* Los usos propios son permisos para transportar o almacenar petrolíferos destinados al consumo final de las empresas en sus procesos industriales (maquinaria fija, calderas o minería).


